Tensiones corporales, cuerpo virgen y escritura fáustica: cartas de Carmen Arriagada.

Jorge Sánchez Sánchez(*)
Texto publicado originalmente en Cuadernos Quiltros Nº 1
“El bien y el mal es entonces para mí lo
mismo, y aún este último me conviene mejor”
Carmen Arriagada
Dentro de los discursos opacados por los autores
hegemónicos, en el llamado proyecto moderno que surge en el siglo
XIX, se encuentran las cartas de Carmen Arriagada dirigidas a
Mauricio Rugendas. En dichas epístolas se evidencian variadas
concepciones referidas al cuerpo de la sujeto del enunciado, dentro
de estas se hallan el cuerpo virgen y materno, los que se ven
problematizados por la autora.
Carmen Arriagada, sujeto díscola a las caricaturas de la
mujer sumisa y de la enamorada fiel, crea en sus cartas diversas
posiciones significativas respecto a su cuerpo. Dichos textos son
enviados a su amigo / enamorado / confidente, Mauricio Rugendas,
frente al cual intenta mostrarse como una sujeto moderna,
entendiendo esto como una mujer interesada en la escritura, en la
Europa francesa y alemana, y en la ciencia positivista, tomando a la
razón como el instrumento válido a la hora de descubrir lo real.
El contexto en que habita Carmen, como sujeto de enunciación, es un
Chile provincial del siglo XIX, vivido dentro de los discursos
modernos ilustrados, los sermones católicos coloniales y las voces de
la emancipación chilena.
La sujeto del enunciado se vuelca hacia la docilidad, aún
cuando “aprenda” el lenguaje masculino de la ciencia ilustrada. Esta
docilidad se ve de manifiesto en la construcción que realiza del
cuerpo virgen, el que se relaciona con la nominación de la mujer
moderna, que sigue las conductas proclamadas por la moral colonial
que persiste en Chile.
Tal como sostiene Foucault (2005: p. 145), en relación al
poder, es la organización y difusión de un saber específico, el que
hace que dicho poder adquiera efectividad. En el siglo XIX
latinoamericano, se instaura un programa de control social, que tiene
el tópico del “mito de la familia unificada” (Masiello, 1997: p. 119), en
el que el rol de la mujer se significa en el acatamiento a su esposo. El
cuerpo de este modo, queda sujeto a la voluntad masculina.
En este punto vale la pena la caracterización de Gutike, otro
“personaje” en las cartas de Carmen Arriagada, quien se configura en
el esposo al que obedece. Militar, dueño del fundo de ella, Gutike se
asume en las cartas como un sujeto que se aleja del canon del
“hombre moderno racional ilustrado” No le gusta leer, ni participa en
las charlas que realiza su esposa, así es construido como el opuesto al
moderno Rugendas. Si Rugendas es modernidad ilustrada liberal,
Gutike es la moral que en gran parte de la sociedad pervivía, la
moralidad colonial (Larraín: (2000) op. cit. p. 207), la que es la
práctica efectiva del discurso ilustrado en gran parte de
Latinoamérica(1). Carmen Arriagada frente a la relación que
mantiene con Gutike comenta:
Aquí tengo que medir mis miradas, mis palabras
y movimientos a fin de evitar malos ceños y
descontentos, a fin de evitar choques que se
repiten desgraciadamente con frecuencia. Han
vuelto para mí los tiempos de Cervantes (
Pinochet de la Barra, 1990: p.421)
Carmen Arriagada dentro de este contexto, no presta interés por la
producción de placer entre ella y Gutike. Su cuerpo no desea a su
esposo, pero de igual forma se somete a éste, en su afán de
enclaustramiento y en la valoración positiva del no deseo corporal,
herencia clara de la moral católica colonial.
Con respecto al enclaustramiento en que Carmen Arriagada
se ve afecta en su casa, recordemos que Foucault, al referirse en su
texto Vigilar y Castigar (Foucault: (2005) op. cit. pp.145 -146) a la
anatomía política, destaca la técnica de poder de distribuir
ordenadamente, en un espacio específico, los cuerpos. Esta
tecnología pretende introyectar la dominación, en este caso,
masculina colonial, representada por la pareja “legal” de Arriagada.
El fin de esto, sostiene Foucault es “anular los efectos de las
distribuciones indecisas” (Ibdem., p. 146) produciéndose una
categorización por parte del saber hegemónico. Así, Carmen
Arriagada encierra su cuerpo en la casa, se aleja de toda mancha
externa a su hogar, de todo posible placer, prohibido por Gutike y por
lo que éste representa. Ahora bien, no es la casa el único resguardo
que ofrece la moral colonial, sino que son todos los sitios legitimados
por lo masculino (casa, convento, etc.), por ejemplo, en la siguiente
cita, ella opta por aislarse en un convento, aun cuando no simpatice
con ciertas prácticas religiosas: “Si hubiera en Chile un convento en
que no se obligase a las gentes prácticas que su razón repugna, creo
que me iría a descansar allí” (Pinochet de la Barra: Op Cit. p.398).
QUIEBRES.
Por otra parte, los enunciados moralistas que se internan en
el cuerpo de Carmen Arriagada, se reflejan en la construcción de un
cuerpo virginal, puro y limpio, libre de toda mácula sexual. Ella
evidencia no tener una sexualidad activa con Gutike, cuestión que
viene a ser compensada, por lo menos en parte, en su relación no
corporal con Rugendas: “Forzada a renunciar joven aun, a los goces
del amor, existiendo en mi corazón uno solo, poderoso es cierto, pero
solo en clase de culto” (Ibdem., p.107).
La valoración positiva del no deseo corporal, se devela
claramente en los enunciados con que ésta semantiza el aspecto no
carnal que mantiene con Rugendas:
“ Oh! Te acuerdas de los momentos en que,
enajenados de amor, sabíamos poner límites a
nuestros delirios; en que entregados a nuestro
ardor, pasábamos instantes deliciosos, saliendo
de nuestros cariños sin tener que reprocharnos
nada de crimen, nada vergonzoso?”(Ibídem., pp.
102 - 103).
En la relación que mantiene con Rugendas, cobra mayor
valor el deseo de “dulcísimas emociones”(Idem) al no necesitar cosas
“materiales”. Lo importante es notar el funcionamiento de la lógica
moral de las significaciones modernas, y cómo ella desterritorializa
(Deleuze y Guattari, 1983: p. 41) en sus cartas, el concepto ilustrado
conservador de la constitución moral de la relación matrimonial
(Masiello: (1997) op. cit. p. 119).
La relación Carmen – Gutike, esposa – esposo, incurre en la
mácula sexual (sin fines de procreación, recordemos que ella nunca
tuvo hijos), esta mancha en su cuerpo desprestigia una relación
legitimada y promovida por la modernidad ilustrada, ya que no
cumple con la función de proyectar la familia mediante una
descendencia biológica. El cuerpo de la madre queda infértil y ajeno
al prospecto propio de la modernidad. Situación inversa a la dada
entre ella y Rugendas: la relación entre amantes no se encuentra
autorizada por la moral moderna, que proclama la familia unida por
el Estado o por la Iglesia, mas no presenta una falta en lo que
respecta al cuerpo virgen, que no procrea y que se halla estático
dentro del hogar o convento, alejado de todo roce corporal.
Así su cuerpo, en oposición a la relación conyugal, se justifica
en una relación entre cuerpos legalmente “puros”, pero
irremisiblemente apasionados; no así con Gutike, en donde se halla
un cuerpo desviado del proyecto moderno de la mujer madre
(igualmente sometido al cuerpo masculino).
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El amor se desterritorializa, resignificando el vínculo
matrimonial moderno. En esta inversión, Carmen viola la ley
matrimonial, anulando la lógica moderna y cayendo en un uso
“perverso” de la carta. Deleuze y Guattari(2) sostienen al respecto:
“Las cartas forman parte de un pacto con el diablo, que exorciza el
contrato con el dios, con la familia o con el ser amado” (op.,cit.
P.345). Este “escape” de la lógica de la norma moral moderna de la
familia, se contrapone al contexto que rodea a Carmen en su
escritura, la que se halla descrita por un fuerte clima de censura y
represión. Se enuncia en sus cartas que la escritura hacia Rugendas
está siempre delimitada por el “decir bien”, no pudiendo expresarse
con libertad: “Si yo pudiese escribir a Vd. Una carta tal cual yo la
escribo en mi mente, si pudiese decir todo lo que me ocurre,
seguramente mi carta sería de pliego” (Pinochet de la Barra, op cit.
p.345).
En la carta fechada el 09 de Septiembre de 1939 (Ibdem., pp. 212 –
214), se ve como ella configura un cuerpo que “demoníacamente”
desafía la lógica de la esposa/madre moderna, que aún siendo un
cuerpo encerrado en su lecho matrimonial declara su amor carnal a
Rugendas, rechazando a un esposo que carece de atractivo sexual.
Esta carta, se mueve en la ambivalencia que surge de estar en una
moral que se acepta pero molesta, en terminología Foucaultiana,
Carmen Arriagada genera estrategias como una forma de resistencia,
recordemos que:
“El discurso puede, a la vez, ser instrumento y
efecto de poder, pero también obstáculo, tope,
punto de resistencia y de partida para una
estrategia opuesta. El discurso transporta y
produce poder; lo refuerza pero también lo mina”
(Foucaul, 1996: op. cit. p. 123)
Carmen Arriagada genera esta carta desde el encierro de su
hogar, el que es descrito como “desierta casa y frío lecho” (De la
Barra: (1990) op. cit. p213), en donde su cuerpo se vuelca en un
deseo sexual por Rugendas, lamentándose por la ausencia de éste,
conformándose sólo con (d)escribir el deseo no satisfecho,
manteniendo su cuerpo virgen:
“Ah! Yo me he imaginado tantas veces las dichas
del querer contigo, acá en mi abrasada mente te
he tenido en mis amantes brazos, he saboreado
tus dulces besos y contigo me he engolfado en
todas las delicias del amor” (Ibdem. p. 213).
Así, y para finalizar este breve acercamiento al discurso de
Carmen Arriagada, vemos cómo su cuerpo en desplazamiento
respecto de la lógica colonial, se contrapone a su frío encierro en el
matrimonio, oposición que se desplaza en las caracterizaciones que
realiza de Rugendas y Gutike. Al pintor romántico, se le atribuyen
todas las características de un cuerpo masculino deseado
sexualmente, que es anhelado por ella para poder estar completa. Por
otro lado Gutike es visto como un cuerpo impotente e insuficiente a
las demandas del cuerpo deseante de su esposa:
[Apelando a Rugendas] “Los fuegos que tú
enciendes en mí, no puede –no- apagar otro; un
solo mirar tuyo llevó a mi pecho el incendio del
deseo, las caricias de otro hielan en mi hasta las
sensaciones de la naturaleza” (Ibdem. p. 213).
Como personaje de sus cartas, ella desafía, por lo menos
en nuestra lectura, las nociones canónicas de la mujer de “bien”,
incorporando usos de los cuerpos y de la escritura que difieren de
textos producidos en la misma época.
“Cúmplase el destino cuando la mano de la
providencia abandona a la criatura, esta no
puede marchar segura, tiene que estrellarse, no
tiene remedio. Yo he marchado segura por algún
tiempo, se acabó esto y quedo juguete de un alma
ardiente y de una imaginación fácil de exaltarse,
pero, al menos, cuando deje la vida será con
aquella sonrisa que pinta al menosprecio”
(Ibdem. , p.383).
Notas.
(*) Jorge Sánchez Sánchez es Diplomado en Estudios de Género
en la Universidad de Chile y estudiante de Magíster en Literatura
Latinoamericana y Chilena en la Universidad de Santiago de
Chile, además de lienciado en Pedagogía en Castellano por
lamisma universidad.
1. Ante esto Castro – Goméz enuncia: “las promesas de cambio
mental, político y social no se cumplieron” Castro – Goméz
(1996) op. cit. p. 108.
2. El “sostener” para estos autores no significa esencializar, sino
solo decir una posibilidad dentro de un rizoma.
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Bibliografía.
• Deleuze, Gilles, Félix Guattari: Kafka, Por una literatura
menor. México: Era, 1983.
• ________________________: Rizoma (Introducción).
Ediciones Coyoacán, 2001.
• Foucault, Michel: Historia de la sexualidad: La voluntad de
Saber. México: Siglo Veintiuno editores, 1996
• _____________: Historia de la sexualidad: El uso de los
placeres. Argentina: Siglo XXI Editores, 2003.
• _____________: Vigilar y castigar: nacimiento de la
prisión. Madrid: Siglo Veintiuno, 2005.
• Larraín, Jorge: Modernidad, Razón e Identidad en América
Latina. Barcelona: Andrés Bello, 2000.
• Masiello, Francine: Entre civilización y barbarie: Mujeres.
Nación y cultura literaria en la Argentina moderna. Buenos
Aires: Beatriz Viterbo Editora, 1997.
• Pinochet de la Barra, Oscar (compilador): Cartas de una
mujer apasionada. Santiago de Chile: Editorial Universitaria,
1990.
• ___________________________________: Carmen
Arriagada, algunos rasgos humanos. Revista Universum
Nº16 (2001) pp. 197 - 205
• Ramos, Julio: Desencuentros de la modernidad en América
Latina: literatura y política en el siglo XIX. México: Fondo
de Cultura Económica, 1989.
Etiquetas: Carmen Arriagada, Cartas Carmen Arriagada.

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